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jueves, 26 de julio de 2012

Un ginkgo en semicascada

Creo que todos los aficionados al bonsái tenemos al menos una especie por la que sentimos debilidad. Seguramente no hay un por qué detrás de ese sentimiento en la mayoría de las ocasiones, por mucho que queramos racionalizarlo. Una especie concreta nos llama la atención más que otras y vemos una belleza en ella que otros no perciben. En mi caso es el ginkgo, qué le vamos a hacer.

El ginkgo es una de las especies más peculiares que existen, por su antigüedad, por el halo sagrado que lo rodea, por las historias que giran en torno a él... Para aquellos que se quieran saber más sobre un árbol tan singular, hay una dirección que no puede dejar de visitar, The Ginkgo Pages. Allí encontrarán información abundante y variada, desde su historia, su propagación su diseño, sus "propiedades medicinales", su localización por todo el mundo tanto en estado salvaje como en parques...

Toda la mitología alrededor de la especie está muy bien, pero, objetivamente, tengo que reconocerles a los detractores de los bonsái de ginkgos que la especie tiene una serie de limitaciones. Ramifica cuando y como le da la gana, no cierra bien las heridas (por lo que hay que evitar grandes cortes), su delicada corteza le hace muy sensible al alambrado... pero sobre todo destacan dos grande pegas: la primera es que el ginkgo es un árbol con evidentes limitaciones de diseño, por lo que la inmensa mayoría de bonsáis de ginkgo van a presentar un estilo de llama de vela; la segunda es que resulta difícil de encontrar en tiendas (incluso en especializadas) un bonsái de ginkgo que no sea espantoso cuando no está vestido. Es cierto que un ginkgo otoñado es un espectáculo por la singular forma de sus hojas y el amarillo intenso que adquieren; pero los ejemplares en venta, tan pronto se quedan sin hojas, muestran impúdicamente sus vergüenzas, que normalmente son muchas cuando se cultivan en serie.

Aun así quiero mostraros la evolución de un ginkgo que ya era muy feo cubierto de hojas y que a pesar de todo (por eso hablé antes de sentimientos irracionales) compré hace tres años. Estaba en un vivero en Ayamonte, en condiciones bastante lamentables (como suelen estar en los comercios que tratan por igual a un bonsái, a una orquídea y a una crasa) y seguramente hubiera sido su último verano de no haber sido vendido. Ni su precio rebajado justificaba su compra, pero no pude evitarlo; aquel ginkgo se vino conmigo a las faldas de la Sierra de la Mosca.

El ejemplar, y lo digo con todo el cariño, tenía un diseño curvo bastante antinatural, carecía de conicidad, sus ramas eran escasas y se disponían sin ningún criterio estético, había profundas marcas de alambre en la corteza y las hojas eran desproporcionadamente grandes sin crear ni por asomo la menor sensación de copa. Necesitaba un gran cambio para que transmitiera algo más que lástima...


La curva tal como estaba no me convencía, lo que me dejaba pocas opciones: o la eliminaba o la aprovechaba, pero transformando radicalmente el diseño del árbol. Opté por lo segundo, utilizar la curvatura del tronco para crear una semicascada en la que las ramas que crecían sin ton ni son podían tener algún sentido. El resultado no fue una maravilla, pero ya empezaba a parecer otra cosa.




El cambio de sustrato y de maceta le sentó muy bien. Pero la cascada no es la forma natural del ginkgo, cuyo desarrollo tiende a ser vertical. Así que se debe controlar continuamente su crecimiento con constantes pinzados y dirigir las ramas con tensores para que no se pierda la forma de semicascada.



Al cabo de tres años, el árbol está en pleno proceso de formación; todavía le falta mucho que mejorar. Pero poco a poco va adquiriendo una forma y una personalidad que no tenía cuando, de forma casi compulsiva, compré un árbol al que, de no haber sido un ginkgo, no le hubiera dedicado más que una mirada.





3 comentarios:

  1. Que buen trabajo !!! personalmente comparto este amor por los ginkgos ... tienen algo que me fascina.... que sustrato utilizas con este ejemplar ?? las ramas verdes del año al llegar el otoño como las podas ??? Saludos desde Chile ...

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    1. Hola Carlos:

      Me alegro que compartamos la fascinación por los ginkgos. Tienen la atracción de lo auténtico, de lo primitivo.

      Ese ejemplar tiene una mezcla de akadama y piedra volcánica fina (aproximadamente un 70% del sustrato entre las dos), un poco de arena de sílice y un 20% (o poco más) de compost o mantillo. Los tres primeros elementos proporcionan un buen drenaje y el último es necesario donde vivo, ya que los veranos pueden ser muy calurosos y necesito mantener las delicadas raíces del ginkgo húmedas.

      En cuanto a la poda, al estar en semicascada. pinzo los brotes de la zona superior (que es la zona fuerte) cuando han desarrollado la hoja que deseo conservar para que no crezca más allá de dicha hoja. Los brotes de la zona inferior (más débil) los dejo desarrollarse libremente y los podo a mediados de verano en aquellas zonas que no me interesan. A mediados de verano, incluso a finales, la zona de crecimiento del año sigue estando bastante verde y se puede cortar sin problemas. Un abrazo.

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    2. Tienen la atracción de lo auténtico, de lo primitivo. Sabias palabras .... gracias por responder y seguiré de cerca este trabajo que me ha fascinado ! un abrazo.

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